
Ecuador cayó contra México el pasado 30 de junio y quedó eliminado del Mundial, pero el equipo también se despidió de Sebastián Beccacece, quien los dirigió por un año y once meses. En el césped quedó una paradoja que todavía divide opiniones: mientras Ecuador reclamaba más pelota en campo rival, afuera del país se analizaba un equipo que sostuvo una zaga casi invicta durante todo el proceso.
La selección acumuló críticas internas por su escasa aparición ofensiva, pero también recibió elogios internacionales por un esquema que redujo al mínimo los goles en contra. Dos miradas que nunca coincidieron y que ahora marcan el cierre del ciclo del DT argentino.
Beccacece culminó su etapa con cuestionamientos directos desde la prensa ecuatoriana. Los análisis apuntaron a un planteamiento que encaminó al equipo hacia una propuesta conservadora. La selección anotó apenas 0.95 goles por partido, pese a contar con futbolistas jóvenes que destacaban en Europa.
Los reportes nacionales señalaron que el entrenador priorizó una línea de cinco y acumuló defensores en lugar de potenciar jugadores creativos. Ese enfoque derivó en posesiones largas y poco profundas, 64% de control estéril, con secuencias de pases laterales y hacia atrás que desconectaron al ataque.
Mientras que en Ecuador se discutía la falta de gol, en el exterior se valoraba la estructura que mantuvo al equipo invicto en casa durante 1 120 minutos, 19 partidos sin recibir anotaciones. Analistas internacionales destacaron que la selección permitió solo 0.27 goles por encuentro, una cifra que consolidó a Ecuador como una de las defensas más sólidas de Sudamérica.
Medios como The Guardian calificaron a Beccacece como ‘uno de los técnicos con mente más intrigante y táctica del continente‘, mientras Olé resaltó su capacidad para sostener un plan de presión que se demostró con la evolución del equipo. Diario AS lo definió como una de las mentes más modernas y con gran lectura de juego final, y ESPN subrayó la claridad de su identidad y creatividad táctica.
Incluso fanáticos internacionales que vienieron a ver a sus selecciones competir en Nueva York, se refieren a Beccacece como un ‘grande de latinoamérica’, admiran su trabajo con la Tri, el equipo que ha formado y confiaban en que podría guiar al equipo hasta la semifinal.
El ciclo del entrenador culminó automáticamente tras la eliminación mundialista, tal como establecía su contrato. Beccacece explicó que no existió despido ni renuncia, sino el cierre pactado desde el inicio. Reconoció la responsabilidad por no alcanzar los objetivos y describió la jornada como dolorosa para el país. Él mismo admitió que no logró conectar con el pueblo ecuatoriano.
Dirigió 24 partidos: nueve triunfos, doce empates y tres derrotas. Su gestión clasificó a Ecuador al Mundial en el segundo lugar de Sudamérica con 64.8% de efectividad, además de una victoria que permitió dar la vuelta al marcador ante Alemania en la fase de grupos.
El contraste quedó marcado: en Ecuador se cuestionó la falta de lanzamiento ofensivo, la poca asistencia en zona de creación y la repetida suplencia de jugadores desequilibrantes. Afuera, en cambio, se valoró un equipo que recuperó balón con orden, sostuvo un bloque compacto y evitó goles con una disciplina táctica que pocos seleccionados lograron consolidar.
Beccacece deja un proceso que generó debate, números contundentes en defensa y una lectura dividida entre quienes pedían más ataque y quienes destacaron la solidez que mantuvo a Ecuador como una selección difícil de vulnerar. Con 45 años, ahora el director técnico tiene un futuro incierto tras dejar a la Tri.