Periodista en El Comercio desde 2014. Amante del fútbol desde la cuna hasta el cajón. El fútbol y el rock son la misma pasión. Twitter: @jmachadom
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lunes 01 de octubre 2018

Barcelona se hunde entre la política y el mal juego

Jonathan Machado
(O)

Barcelona no puede estar presidido por una persona que tenga su cabeza en la política. ¿Acaso se debe olvidar que los políticos que llegaron al club solamente causaron daños? El equipo pasó 15 años sin ser campeón y dos veces estuvo a punto de perder la categoría mientras sus dirigentes sacaban provecho del fenómeno social que genera el equipo amarillo.


​Desde 1997 hasta 2011, Barcelona vivió años de tristezas y sufrimientos palpados por sus hinchas y socios, quienes veían que su club estaba a la deriva. Si bien en 2012 se alcanzó el campeonato, el club seguía siendo aprovechado como plataforma políticas de las cabezas de ese entonces.


Con la llegada de José Francisco Cevallos parecía que eso no iba a ocurrir y que Barcelona al fin estaría en manos de personas que se dediquen cien por ciento a administrarlo, porque la institución requiere de personas que velen por sus intereses las 24 horas del día. Nadie duda del amor que tiene la actual dirigencia por el equipo, pero es precisamente por ese sentimiento que el Presidente debe elegir qué es más importante para él: la política o la presidencia de Barcelona. El coctel de las dos cosas no traerá buenos resultados y eso ya se refleja en la tabla de posiciones.
El equipo de Guillermo Almada no gana hace siete partidos.


Matemáticamente, Barcelona aún puede llevarse la etapa. El problema está en el juego que presenta el equipo. En el partido con Liga de Quito, realizado el domingo 30 de septiembre, el entrenador traicionó su ideología futbolística. Con la ventaja de 1-0, los amarillos mantuvieron un juego aceptable pero, con el empate albo, aparecieron los pelotazos frontales que buscaron a Nahuelpán y Dineno para ver si podían pescar alguna oportunidad. Ese tipo de acciones demuestra mediocridad, impotencia y falta de capacidad para jugar bien al fútbol.


Delante de la pantalla de televisión o en las gradas del estadio surgen peguntas que la dirigencia y Almada deberían responder: ¿Qué aporta Cristian Alemán al rendimiento del equipo? ¿Cuál fue la razón para fichar a Joffre Guerrón? ¿Por qué no contrataron un 9 de calidad y se contentaron con Nahuelpán y Dineno? ¿Cuándo piensan tomar acciones para cambiar el presente del club? ¿Cuándo se tomará la decisión de elegir entre la política y Barcelona? ¿Cuándo se dejará de pedir apoyo económico a la hinchada y se hará autocrítica?


Barcelona se hunde y se deben ejecutar acciones para evitar que toque fondo. Si la dirigencia y cuerpo técnico quieren lo mejor para el equipo, deben analizar si su presencia es un aporte positivo o negativo. Si es lo segundo, las puertas del Monumental están abiertas. Lo que interesa e importa es el bienestar de la institución sobre todas las cosas.