Periodista en Grupo El Comercio desde julio del 2006. Coordinador de www.BenditoFutbol.com y conductor de Bendito Fútbol en Radio Quito y Platinum. Licenciado en Comunicación Social y Máster en Dirección de Comunicación Empresarial. Con alma de delantero, pero con espíritu de volante de creación. Twitter: @guerrerosanti7.
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viernes 06 de julio 2018

El primer mundo del fútbol se impuso al de la improvisación 

Santiago Guerrero
Opinión (O)
Twitter: @guerrerosanti7

El Mundial de Rusia 2018 le ha dado una bofetada al fútbol sudamericano. Ningún equipo de la Conmebol logró clasificarse a las semifinales. Nos estamos dando cuenta que tenemos talento, pero que será la cuarta Copa del Mundo consecutiva que sea ganada por un equipo europeo.


En este torneo se impuso la planificación a la improvisación, se impuso el orden al caos, se impusieron los proyectos sobre los técnicos resultadistas. En el fútbol, hacer las cosas bien, a la larga siempre da buenos resultados.

Brasil y Uruguay, los sudamericanos que más lejos llegaron, apostaron al talento y a unos procesos que son una excepción. En la 'canarinha' tuvo que llegar Tite para darle algo de orden a una selección que había perdido el rumbo por completo después de la goleada 7 a 1 que recibió en el Mundial que jugó en su casa.

El extécnico del Corinthians usó una fórmula sencilla. Puso a los jugadores donde mejor sabían jugar y eso le permitió ganar las Eliminatorias sin despeinarse y de paso recuperar algo de su identidad. Claro, es Brasil y tiene un menú amplio de estrellas para elegir.


Además, para este Mundial el cuerpo técnico de Tite preparó toda una estrategia de espionaje a las selecciones que podía encontrar en su camino hasta la final. Les pidió a los clubes locales que analizaran las estrategias, el rendimiento de las principales figuras, los movimientos tácticos de los últimos partidos y otros detalles que se presentaron en un informe antes de partir a Rusia.

Pero claro, la selección de Neymar no está alejada de los problemas propios que tiene el fútbol de esta parte del mundo. La Confederación Brasileña está envuelta en escándalos de corrupción, como todas sus pares en Sudamérica. El expresidente de la CBF, Marco Polo del Nero, está suspendido de por vida como dirigente deportivo por haberse beneficiado de la venta de los derechos de varios torneos. El expresidente José María Marín -otro expresidente- está arrestado en Nueva York por el escándalo FIFAgate. Solo son dos ejemplos.

A pesar de la corrupción y el desorden institucional, Brasil es Brasil y siempre es candidato. Pero al Brasil del 2018 solo le alcanzó para llegar a cuartos de final y perder en manos de una poderosa selección de Bélgica que en esta Copa del Mundo ha logrado explotar un proceso que empezó en el año 2000, después de la Eurocopa que se jugó en su casa.

A los belgas no les fue bien en ese torneo, no pasaron de la fase de grupos. Pero decidieron invertir el dinero que ganaron en un proyecto comandado por Michel Sablon, quien fue integrante del cuerpo técnico de Bélgica en los mundiales de 1986, 1990 y 1994. Su plan consistió en unificar la enseñanza desde las categorías inferiores en clubes, selecciones y entrenadores, priorizando la riqueza técnica. A Bélgica le tomó tiempo alcanzar el éxito. No clasificó a los mundiales del 2006 y 2010.


Todo empieza a consumarse en agosto del 2016 cuando la federación belga contrata al español Roberto Martínez para liderar el camino a Rusia 2018. El DT entendió el proyecto que se había construido y cuáles eran la metas. Un año después de su arribo, consiguió la clasificación al Mundial y tras dos años de asumir su cargo, Bélgica se convirtió en una de las cuatro mejores selecciones del mundo.

El otro sudamericano que llegó a los cuartos de final fue Uruguay. Quizás con el proceso más serio entre todos los equipos de la Conmebol, aunque con muchos problemas casa adentro.

La Celeste es comandada desde hace 12 años por Oscar Washington Tabarez, un plazo que parece hasta mentira en nuestro fútbol. El 'maestro' se encargó de reconstruir el concepto del fútbol uruguayo, que había perdido el rumbo hasta antes de su llegada.

La "garra charrúa" se tergiversó. Dejó de ser el fútbol con coraje y vehemencia, para convertirse en el fútbol desleal y con patadas y golpes. En eso ha trabajado Tabarez durante sus 12 años como DT y manager de todas las categorías de la selección uruguaya.


El entrenador nacido en Montevideo, docente de escuelas primarias y exfutbolista, se encargó de edificar una nueva idea del fútbol charrúa basado en el peso de la historia de la celeste. El 'maestro' logró hacerle entender a dos o tres generaciones que pasaron por la selección, que debían ser buenos jugadores de fútbol, pero sobre todo excelentes personas.

Tabarez no permite que sus jugadores usen el celular durante el desayuno, el almuerzo y la cena. Quiere que sus jugadores se conozcan entre ellos. Pide que sus futbolistas recojan los platos de la mesa, lustren sus zapatos y tiendan sus camas. Les recomienda libros, los invita al cine y al teatro, fomenta charlas sobre estos temas y usa esos momentos para explicar sus ideas tácticas. A sus 71 años, se convirtió en el técnico más longevo en dirigir en los cuartos de final en la historia de los mundiales.

Pero a esta generación dorada del fútbol uruguayo y al excelso trabajo de Oscar Tabarez no le alcanzó para llegar a semifinales. Los problemas institucionales que llevaron a la huelga del torneo local en varias ocasiones en los últimos años, las pugnas dirigenciales, la corrupción (Eugenio Figueredo, expresidente de la AUF, también cayó en el FIFAgate), los empresarios abusivos y otros tantos problemas, también se sintieron en la selección. 

Uruguay se enfrentó con un equipo francés que ha logrado juntar varias estrellas y que ha tenido su explosión en los dos últimos partidos de la Copa del Mundo. Francia sacó lo mejor de su talento precisamente ante Argentina y Uruguay. Los dirigidos por Didier Deschamps reventaron cuando debían y ahora quieren darle a su país el segundo título mundial para sus vitrinas.


Francia tampoco ha improvisado. Ha seguido la escuela europea de los procesos y el trabajo a largo plazo. Deschamps lleva seis años al frente de la selección y llegó a cuartos de final en el Mundial de Brasil 2014, alcanzó la final en le Eurocopa 2016 y ya tiene a su país entre los cuatro mejores de Rusia 2018. Nada es coincidencia.

Deschamps -campeón del mundo en 1998 con la última gran generación del fútbol francés- ha logrado configurar un equipo de experiencia y juventud. Seleccionó con pinzas cada elemento para este Mundial. Hay jugadores que pasan los 30 años como Giroud (31), Matuidi (31), Lloris (31); pero también hay muchachos que no pasan los 23 años como Mbappe (19), Dembele (21), Pavard (22), Hernández (22). Y en la mitad una generación entera que seguramente jugará otro mundial en el más alto nivel: Umtiti (24), Varane (25), Pogba (25), Kante (27), Griezman (27).

El entrenador se dio el lujo de dejar fuera de esta nómina a Alexandre Lacazette (del Arsenal), Anthony Martial (del Manchester United), Adrien Rabiot (del PSG) y Karim Benzema (del Real Madrid). "Ha sido una elección meditada, he escogido jugadores importantes para la vida del grupo", dijo Deschamps el día que entregó la nómina. Clarito. La clave de los seleccionadores es saber elegir. El tiempo le está dando la razón.

Las diferencias están claras. Mientras en Sudamérica elegimos solo entrenadores, en Europa se plantean procesos con varios responsables donde el DT es solo una pieza más. Mientras acá pensamos en el siguiente Mundial, allá apuestan por los proyectos que den frutos en 15, 20 o 30 años. Mientras en la Conmebol seguimos creyendo que nosotros tenemos las estrellas, la UEFA sigue ganando los mundiales.