Ejerce el periodismo desde el 2003, es autor de libros como Ídolos deportivos y fans en internet (2013); Gerencia del Deporte en el Siglo XXI (2017) y Detrás del juego. Estudio de mercado del fútbol ecuatoriano (2018); colaborador de prestigiosas revistas a nivel mundial y profesor de Periodismo Deportivo en la Universidad Central del Ecuador. Actualmente forma parte del staff de deportes en Radio Pichincha Universal.
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martes 31 de marzo 2020

Covid-19: El fin del fútbol como lo conocemos

Andrés Luna

Rebajas de salario, despidos, contribuciones filantrópicas y reprogramaciones de eventos son las noticias que han rellenado las secciones deportivas en las últimas semanas de la cuarentena planetaria. La crisis sanitaria que batalla la humanidad nos obliga a repensarnos y la sociedad no volverá a ser la misma cuando progresivamente comencemos a salir de nuestras casas.


El fútbol, tan ajeno a la realidad y cada vez más pensado como un “bien privado”, va perdiendo paulatinamente interés cuando las personas hoy luchan por la conservación de su propia existencia. “Quiten ese segmento” sugería el profesor de Derecho Salim Zaidán en Twitter, refiriéndose a lo prescindible del contenido deportivo. Si hace un mes el debate público estaba suscrito a los juicios de políticos corruptos, cómo debe construirse el nuevo estadio o si debemos pronunciar “todos” o “todes”, hoy la discusión pasó realmente a lo profundo y lo básico: la vida.

Las montañas de dinero acumuladas por los futbolistas de los clubes más mediáticos del mundo nos parecerán más obscenas mañana de lo que nos parecían ayer. Cuando Italia clama por respiradores artificiales y España se debate entre quienes son elegibles y quienes no para ingresar a la Unidad de Cuidados Intensivos, deberemos aborrecer a los deportistas que aparecen campantes en los Papeles de Panamá o pagan fortunas en estudios jurídicos luego de haber burlado al fisco llevando su dinero a paraísos financieros. Los impuestos, tan indeseados para los grandes capitales, son ahora los que sostienen un sistema de salud pública que no es más que lo que nuestras contribuciones hacen de él.

“Lo mejor que le pudo pasar al fútbol fue cuando AFNA ordenó que todos los futbolistas debíamos ganar lo mismo”, recuerda Ernesto 'El Trompudo' Guerra cuando se le consulta sobre la crisis económica actual del balompié ecuatoriano. La FIFA, herida de muerte y sinónimo de “organización criminal” después del FIFAgate, se ufanaba de expulsar de sus competencias a cualquier país que se atreviera a hurgar en sus obscuros negocios; hoy, es menester que cualquier institución sospechada de enriquecerse con negociosos ilícitos, sea escrutada por la justicia de cada país y las instancias internacionales, caso contrario los hospitales públicos seguirán suplicando por camas y medicinas.

La sociedad ecuatoriana también mirará con recelo la idea de pagarle tres, cuatro o cinco millones a un grupo de seleccionadores de fútbol, cuando recuerde las desconsoladas multitudes de pacientes y familiares a las afueras de los hospitales o los desesperados llamados vía redes sociales para que el gobierno pueda atender a los seres queridos que fueron bajas en la batalla por la vida y yacían inertes hace varias horas o días en sus domicilios. “Les tocó la hora de ganar menos, no de perder”, decía el pasado domingo 29 de marzo el presidente argentino Alberto Fernández, refiriéndose a los empresarios, en una clara sentencia que podría aplicarse a los deportistas cuyos ingresos mensuales están divorciados de los ingresos promedio del común de los mortales. “Nuestra voluntad siempre ha sido aplicar una bajada del sueldo que percibimos”, escribía Leonel Messi en representación del F.C. Barcelona, en clara consonancia con lo que los menos favorecidos ahora esperan escuchar.


Las grandes tragedias mundiales le han obligado a la humanidad a dar saltos agigantados hacia adelante. Así como la viruela nos obligó a inventar la primera vacuna de la historia o la peste cambió los hábitos de higiene en las personas, el covid-19 nos obligará a renacer en una mejor convivencia, y no se trata de un deseo sino de una consecuencia que se repite cíclicamente luego de que la especie humana se ha visto amenazada. Si la Segunda Guerra Mundial reformuló a la Europa que hoy presume del mejor y más rico fútbol del mundo, también este virus nos puede ayudar a crecer en una sociedad más justa y menos presuntuosa ante lo que nada vale cuando nos confinamos a un encierro.

Cuando volvamos a abrir las puertas hacia afuera, varios se pensarán dos veces antes de juntarse con diez mil personas a mirar un partido de fútbol en un estadio. Otros no podrán juntar ocho dólares para comprar una entrada a general y, cuando debamos reducir los gastos, la televisión de pago ha sido y será una de las primeras sacrificadas. Por lo tanto, el futbolista de cien mil dólares mensuales estará demás en Ecuador y el cincuenta mil deberá quedarse por diez o dedicarse a otra actividad, porque el resto del mundo tampoco sale librado del encierro. Estamos en el alba de un nuevo amanecer en la economía donde la crisis no puede ser de pocos y para salir de ella necesitaremos de todos y como en el fútbol, el partido se gana en equipo.

El fútbol mundial poco a poco se paralizó por el avance el coronavirus en los diferentes países

El fútbol mundial  se paralizó por el avance el coronavirus en los diferentes países.