Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO. Síguelo en Twitter: @guapodelabarra
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domingo 16 de diciembre 2018

Pablo Repetto, el técnico que no era para Liga

Alejandro Ribadeneira

Menos mal que Pablo Repetto no era “un técnico para Liga”. Menos mal que su estilo no calzaba en el gusto dela mayoría de hinchas y algunos analistas, hambrientos del toquecito, de la genialidad del 10, de la innecesaria vistosidad para que la grada aplaudiera. Menos mal, porque así ya no se juega al fútbol de ahora, que es menos artístico y más científico, aunque nos rompa el corazón. Repetto ha sido un valiente, porque se arriesgó a morir con su librito, con su estilo defensivo de empezar desde atrás, de atacar sin volante de armado, de enorme despliegue en la zona medular y, por fin, puede celebrar su primer título de Primera, además de su primer título en el exterior. 


​Menos mal que Repetto no era para Liga, porque otros se habrían derrumbado (y tendrían la coartada perfecta, además) con la colección de calamidades que este entrenador uruguayo debió afrontar desde el inicio del Campeonato. Perdió a Anderson Ordóñez, Horacio Salaberry, Hernán Barcos, Gastón Rodríguez y, en la final de vuelta, a Franklin Guerra y Pellerano. Lo más increíble es que la defensa fue, desde el primero hasta el cotejo del título, una tómbola de nombres, pero el nivel de rendimiento fue casi siempre parejo. El secreto está en que el entrenador nunca perdió la estructura. Y tampoco perdió la cabeza. Hay trabajo y se nota, pues el equilibrio solo se lo consigue con abnegación.

Es verdad que queda la sensación de que Liga, si hubiera realmente querido, habría ganado el título sin necesidad de afrontar las finales. Pero esto se debe a que el nivel del equipo era, de todos modos, dispar. La final mostró una tónica del año, con los albos fallando goles cantados. Pero, una vez más, cuando hay estructura, se puede sostener todo lo demás.

Menos mal que Repetto no era para Liga y que fue totalmente subestimado a pesar de sus logros anteriores, que para la miopía del vulgo eran defectos. Estamos ante un entrenador que hizo de Independiente del Valle algo más que un proyecto de fabricación de juveniles y que llegó a la final de la Libertadores eliminando nada menos que a Boca y River. Menos mal que eso no fue valorado para ponerlo en la Tricolor, como era lo lógico y lo sigue siendo, y recayó en Liga, club que, a pesar de los defectos que cualquiera pudiera señalar, al menos tiene la enorme virtud de acompañar a sus entrenadores y sus proyectos. Por eso, Liga tiene los trofeos que exhibe desde 1997.

Menos mal que Repetto no era para Liga.