Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO. Síguelo en Twitter: @guapodelabarra
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jueves 11 de abril 2019

Del título 15 a los rayos UV: los grandes legados de Almada en BSC

Alejandro Ribadeneira
Opinión (O)
Twitter: @guapodelabarra

Guillermo Almada se marcha de Barcelona SC. Alabado por unos hinchas pero criticado por otros, es innegable en todo caso que hemos estamos ante uno de los entrenadores más influyentes que han llegado al país. Quizás el único título de Serie A que pudo ganar en cuatro años sabe a poco, pero hay más elementos que deben ser tomados en cuenta en el balance final.


​A continuación, un desglose de esa evaluación:

1. Almada, el maestro
Parte del éxito de este entrenador, que alguna vez fue comparado con Josep Guardiola (sí, esa manía tan latinoamericana de exagerarlo todo), es que logró que Barcelona jugara de manera vistosa, con la prioridad en el dominio del balón y el ataque. La mejor versión de esta idea se vio en el 2016, con un equipo letalmente contragolpeador, que aprovechaba los pases verticales para saltar líneas y destrozar a la defensa del rival. No había pelotazos. No había el pase atrás en exceso. Los siguientes años, se mantuvo la predilección por el juego ofensivo y de presión alta, y llegó a las semifinales de la Libertadores. Pero también comenzó a chirriar la parte de la maquinaria que le corresponde a la dirigencia, y Almada no pudo ser campeón otra vez.

2. Almada, el frustrado
El entrenador también ganó notoriedad por su predisposición a las excusas. Comenzó a criticar los partidos en las ciudades de altitud, a quejarse de los rayos UV y especular con la posibilidad de que sus jugadores terminen con cáncer de piel, y hasta expresó que algunos clubes ganaban los partidos porque carecían de los problemas financieros que aquejan a BSC. Una vez, escupió en público a un detractor. Esta continua catarsis se debió en parte por la frustración de que equipos menos vistosos, como el de su compatriota Repetto, eran más efectivos. A veces, Almada fallaba porque al minuto 70 sacaba un central y ponía un 9. Y casi nunca variaba el once que consideraba ideal, aunque desde afuera se pensara que algunos jugadores no rendían lo suficiente. Esto fue sintomático en el 2018, cuando empezó como líder del campeonato pero fue rebasado por Liga de Quito.

3. Almada, el solitario
Este año, Almada ha sido la viva imagen de la desolación y del fastidio. Hablaba mucho de las “ofertas” que recibía (eran reales), un síntoma de que ya se quería marchar. Nunca fue desleal con el presidente José Francisco Cevallos, quien una vez dijo esto: “antes de que se vaya Guillermo, me voy yo”. Pero no. Almada se fue primero, harto de las torpezas de la dirigencia que pesaron en el ánimo del estratega. La eliminación copera en el escritorio encabeza la antología de la inutilidad, pero también afectaron el papelón en la inscripción de Erazo, la fallida contratación de Aguirre (que prefirió a Liga) y la falta de comunicación con el departamento médico sobre la salud de Marques. Este año, BSC está fuertemente limitado por la crisis de su finanzas y está en mitad de tabla. El riesgo de acabar por debajo del octavo puesto es real. Mejor es irse.

4. Almada, el mito
Es polémica la afirmación de que el uruguayo le dio identidad a BSC y ese es su gran aporte. No es así. Barcelona tiene una historia muy rica antes de Almada y una identidad muy definida: es el equipo del pueblo del Astillero, el más grande, el que debe entrar a ganar, no a jugar con el resultado. Almada, eso sí, le dio estabilidad a un estilo que combina muy bien con la identidad de BSC y que hizo recordar a los queridos plantes de las finales de Copa. Un gran mérito.